diumenge, 20 de desembre del 2009

¡McTIMO!


¿A quién no le apetece esa maravillosa hamburguesa hecha con el pan más tierno del planeta, la carne más sabrosas que el ser humano jamás haya cocinado y el delicado queso caído del cielo, todo ello fundido en un armónico bocadillo hecho para el pecado? Mmmmm, ¡a todos.!
Sin embargo, ¿cuál es la realidad de aquel anuncio de comida que nos ha hecho la boca agua? La publicidad engañosa.

Al igual que las modelos de las revistas empapadas de fotoshop intentan persuadir a los consumidores de moda, la comida –sobretodo la rápida-, también intenta distorsionar la realidad de sus productos. Y es que no es oro todo lo que reluce en los envases de comida. Como se muestra en la fotografía, la publicidad maquilla la realidad y la sirve estéril a los consumidores. No debería ser así. El código de Conducta Publicitaria, tal y como define en el apartado C-EXIGENCIAS DE LA VERACIDAD, no permite que la publicidad sea engañosa. Que en razón de la inexactitud de los datos sustanciales contenido en ella, puedan inducir al error de sus destinatarios. La publicidad debe ser exacta, y se deben dar unos resultados positivos de la utilización del bien o del uso del servicio.

Con todo ello queremos expresar que la publicidad, en general, está más cerca de la ficción que de la realidad. Que la mayoría de productos que nos intentan persuadir día a día se muestran tras una máscara que no corresponde a lo real. O así lo reflejan muchos de los anunciantes con ejemplos como el expuesto.